domingo, 6 de diciembre de 2009

La ley de la oferta y la demanda reformulada y la moralidad de la fijación de precios

Muchos manuales universitarios para alumnos que comienzan sus estudios de Economía hacen una introducción a la Microeconomía definiendo los conceptos de oferta, demanda y la ley de la oferta y la demanda. De esta forma, nos ofrecen las siguientes definiciones:

"Curva de oferta: es la relación entre el precio de un bien en el mercado y la cantidad que los productores están dispuestos a producir y vender, manteniéndose todo lo demás constante.

Curva de demanda: es la relación entre el precio y la cantidad comprada de un bien, cuando todo lo demás se mantiene constante.

Equilibrio de la oferta y la demanda: el mercado se encuentra en equilibrio cuando el precio y la cantidad equilibran las fuerzas de la oferta y la demanda. Este precio y esta cantidad de equilibrio se encuentran en el nivel en que la cantidad ofrecida voluntariamente es igual a la demandada voluntariamente. Este equilibrio se halla gráficamente en la intersección de las curvas de oferta y demanda. Al precio de equilibrio no hay escasez ni excedente.

Valores marginales de la demanda: dada la curva de demanda de un bien X1, considerando que los determinantes de la demanda (precios de bienes relacionados, rentas, entre otros) son constantes: X1= d (P1)

El valor marginal expresa la variación de la demanda de un determinado bien con respecto a un incremento en una unidad de su precio, lo que se calcula como la derivada ordinaria de la función. Al ser la función de demanda una curva de pendiente negativa, el valor marginal de la demanda siempre será negativo y expresa en cuánto disminuye la demanda por cada incremento de una unidad de los precios".

Se supone que la Economía trata de decisiones humanas. Pero, es evidente que en las anteriores definiciones no es fácil hallar donde son tenidas en cuenta estas decisiones. Se comienza introduciendo al alumno en los conceptos económicos a través de una serie de formulas matemáticas que deben ser aprendidas sin acabar de ver su razón de ser. Ya Böhm-Bawerk, en su libro Teoría Positiva del Capital, escribía lo siguiente:

“La ortodoxia ha venido enseñando durante siglos que el precio de mercado de todos los bienes se determina por la relación entre la oferta y demanda”

(…)

“Si usted considera que la oferta y la demanda, en lo que vienen a significar estos términos completamente generales, son el regulador del precio de mercado de los bienes, está usted expresando una verdad incuestionable y que cualquiera aceptará. Pero a causa de su misma universalidad esta proposición no venía a decir demasiado. La proposición necesariamente se veía expuesta, y no sin razón, a la crítica de que no era más que un tópico, una fórmula sin apenas significado y vacía de contenido. Si, por el contrario, usted trata de precisar de manera completa aquella especie de «santo y seña» de la oferta y la demanda y de manera especial la forma en que la relación entre ellos conforma el precio, fracasará porque sin una concepción del problema total, tal como se hace posible por medio de la teoría subjetiva del valor, resultaba demasiado fácil extraviarse y alcanzar toda serie de formulaciones e interpretaciones incorrectas”.

Es por los anteriores motivos, por los que Böhm-Bawerk formula la teoría del precio comenzando por la base de los mismos, es decir la mayor o menor necesidad subjetiva que tiene una persona de conseguir un bien determinado.

Intentemos explicar ahora el razonamiento de Böhm-Bawerk. Sea el siguiente cuadro:


En este caso, tenemos un total de diez compradores que acuden a una feria de telecomunicaciones con la intención de adquirir un determinado móvil. De la misma forma, este móvil es ofrecido en dicha feria por un total de ocho vendedores. Cada comprador y cada vendedor tienen una valoración subjetiva del móvil en función de sus necesidades. Es evidente que el comprador A1 desea dicho móvil con mayor énfasis que el comprador A10. De igual forma, el vendedor B1 valora menos el móvil y por lo tanto tiene mayores deseos de venderlo. El comprador A1 podría conseguir un móvil de cualquier vendedor a 290 euros, pero no cierra la operación a este precio ya que aunque conseguiría una ventaja económica de 10 euros, no sería la mayor ventaja que podría conseguir. De igual manera, el vendedor B1 encontraría compradores a 110 euros, pero con ello no conseguiría la mayor ventaja económica. Por lo tanto, la negociación comenzará fijando los compradores un precio bastante más bajo del que estarían dispuestos a comprar y los vendedores un precio bastante más alto del que estarían dispuestos a vender.

Supongamos que se fija inicialmente el precio en 130 euros. En este caso, la totalidad de los compradores podrían cerrar la operación, pero solamente dos vendedores podrían hacerlo. Sin embargo, estos dos vendedores pueden aprovechar la competencia entre los compradores intentado vender a un precio más alto.

A partir de los 150 euros, empezarán los compradores a descartar la compra. El primero será A10 y luego le seguirán los demás. A partir de 170 lo hará A9, a partir de 180, A8 y a partir de 200, A7. Sin embargo, a medida que aumenta el precio comenzarán a incorporarse vendedores capaces de cerrar la operación. A partir de 150 euros se incorporará B3, a partir de 170, B4 y a partir de 200, B5.

Podemos ver como a medida que sube el precio, la relación entre vendedores y compradores va variando. A 130 euros había 10 compradores y 2 vendedores, pero a partir de 200 euros existen 6 compradores y 5 vendedores. Mientras exista esta desigualdad habrá razones para que precio siga subiendo debido a la competencia entre los compradores. Cuando se alcanza los 210 euros, A6 se descuelga quedando entonces 5 compradores y 5 vendedores. Si el precio subiera de 220 euros el número de compradores quedaría reducido a 4. Sin embargo, vemos que el límite habría de ser incluso inferior, pues si pasamos de los 215 euros, tendríamos 5 compradores y 6 vendedores. De esta forma, el precio quedaría situado entre 210 y 215 euros.

Mediante este razonamiento, Böhm-Bawerk explica la formación del precio solo mediante las valoraciones subjetivas de las personas implicadas en el intercambio. De esta forma, da una respuesta a la vaga definición de la ley de oferta y demanda afirmando:

“En mi opinión el problema se soluciona si introducimos en la estructura tradicional la sencilla idea de que el precio es por completo un producto de las valoraciones subjetivas de los hombres”

Y entonces, sabiendo esto ya podremos formular la tradicional ley de oferta y demanda, donde ésta no constituirá una vaga formulación matemática, sino que estará profundamente basada en las necesidades de las personas.

A partir de esta ley económica de formación de precios podemos analizar algunas propuestas. Supongamos que para que el vendedor B8 pueda vender su móvil se fije el precio de éste en más de 260 euros. Con la mejor de las intenciones se piensa que de esta manera se ayuda a dicho vendedor, quien podrá obtener dinero para mantener a su familia. Sin embargo, las personas que realizan estas propuestas no ven la totalidad de las consecuencias. A más de 260 euros, sólo 2 compradores podrán comprar el móvil. Hemos conseguido que 3 compradores dejen de obtener lo que necesitaban y que 3 vendedores dejen de vender sus productos. Con la mejor de las intenciones hemos empeorado la situación. Antes, un total de 5 vendedores podía conseguir dinero para alimentar a su familia, ahora, solamente lo hacen 2 vendedores. Además, castigamos a aquellos vendedores que se han esforzado en conseguir métodos que sirvan para bajar sus precios, y premiamos a aquellos que no han sabido hacerlo. En definitiva, premiamos la ineficiencia. Esto es lo que ocurre cuando se cree que se pueden mejorar las situaciones sin tener en cuenta las leyes económicas. Si lo que realmente se quiere es ayudar a los vendedores B6, B7 y B8, ya que estos no pueden competir en el mercado, entonces se podría apelar a la caridad de los compradores para conseguir una ayuda para estos vendedores. Puede que incluso algunos compradores decidan prescindir de sus móviles y donar a los vendedores el dinero que pensaban gastarse. Pero eso sería una decisión libre de estas personas. Nadie puede decidir que es lo bueno y lo malo para los demás. Quizás uno de esos compradores necesitaba el móvil para que pudieran avisarle en cualquier lugar de un trasplante que esperaba. ¿Estaría bien que algún burócrata, con la mejor intención, le haya privado de satisfacer esta necesidad y lo haya encadendo a vivir encerrado? No juguemos a ser dioses.