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miércoles, 5 de septiembre de 2012

14 de enero de 2012: El PP suspende las tertulias en RNE (Universos paralelos)


Por supuesto, esto no ha ocurrido. Al menos no en este universo. Sin embargo, lo que sí ocurrió en este universo fue el nombramiento de Carmen Caffarel como directora general de RTVE solamente seis días después de la toma de posesión como presidente del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. ¡Seis días y por medio de un real decreto! Esta clara la importancia del control de los medios de comunicación públicos para los socialistas. Por supuesto, su preocupación siempre ha sido la pluralidad de dichos medios y su independencia (entiéndase la ironía).


Y para garantizar esa pluralidad e independencia, Carmen Caffarel, apenas 18 días después de su nombramiento, suspende las tertulias en RNE. ¿Recuerdan esto aquellos que se rasgan las vestiduras con las decisiones de Gobierno popular en relación a los nuevos cambios en la programación de RNE? Me temo que aunque lo recuerden, poco importa. El PSOE, los buenos, los demócratas, los garantes de la libertad, nunca harían nada en contra de estos excelsos principios. 

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domingo, 5 de agosto de 2012

Televisiones públicas, independencia y neutralidad

 Parece que se aceleran los cambios en la radiotelevisión pública (RTVE). Las antaño estrellas mediáticas son cesadas con la «lógica» del cambio de Gobierno. Y el progresismo español se rasga las vestiduras hablando de purga y pérdida de pluralidad informativa. No deja de llamarme la atención que esa sea su queja. Podría entender que se quejasen por no controlar ahora ideológicamente la radio y la televisión pública, pero hacerse los ofendidos porque el actual Gobierno haya hecho lo mismo que el anterior, no deja de ser al menos un ejercicio de hipocresía (lo siento, no creo que lo sea de ignorancia).

Debería distinguirse entre independencia y neutralidad en el ejercicio de la labor periodística (por más que estén muy relacionadas). Sería muy difícil demostrar que aquellos periodistas cesados hayan ejercido su trabajo al dictado del Gobierno socialista. Seguramente eso no haya ocurrido (¡cómo saberlo!). Pero hablando de neutralidad, la cosa cambia. Los periodistas, como cualquier otra persona, son hijos de su padre y su madre, y como cualquier otra persona tienen una forma de ver el mundo. ¿Podría negarse que los periodistas nombrados durante el periodo socialista son personas de izquierda (o progresistas, si se empeñan en llamarse así)? Eso, en principio, no es un problema… salvo que todas las estrellas mediáticas tengan la misma visión del mundo. Entonces, la radiotelevisión pública se convierte en un discurso único. Y posiblemente, ahora pasará lo mismo durante la etapa del Gobierno popular.

¿La solución? Pues es sencilla. Cerremos las televisiones públicas y que cada uno se «juegue sus cuartos» montando radios y televisiones acordes a sus pensamientos. Y por supuesto, no dejemos que los gobiernos de turno ejerzan ese poder indecente de decidir quién puede montar una radio o una televisión. En este caso, cada uno de los ciudadanos tendrá el poder de cambiar de canal, sabiendo que parte de su dinero no se seguirá gastando una vez pulsado el mando. ¿No es eso lo mejor, lo más democrático? De lo contrario seguiremos leyendo las quejas de los periodistas cesados donde afirman que lo han sido por «hacer periodismo».

martes, 30 de agosto de 2011

Radio y fútbol: ¿exprópiese?

El enfrentamiento entre la LFP y las radios da lugar a un interesante análisis económico. Antes de nada, deberíamos centrar el problema, para luego tratar de aportar alguna luz a la cuestión.

¿En qué consiste realmente el enfrentamiento mencionado? A poco que reflexionemos sobre el asunto podremos ver que dicho enfrentamiento es realmente una lucha entre el derecho a la propiedad privada y el derecho a la información. ¿Está el derecho de información por encima del derecho a la propiedad privada? Es curioso como nuestra Constitución afronta la cuestión. El derecho a la información está contemplado en el artículo 20.d, en la sección I del capítulo II del título I (De los derechos y deberes fundamentales). En dicha sección se exponen en concreto los llamados derechos fundamentales. Sin embargo, el derecho a la propiedad privada se menciona en el artículo 33, en la sección II del mismo capítulo, ya fuera de ese grupo de derechos fundamentales. Parecería que el legislador da una importancia menor a la propiedad privada, al no incluirla dentro de ese grupo de derechos. Sin embargo, como ya conocen los que suelen leer este blog, considero el derecho a la propiedad privada sumamente importante y, como tal, debería considerarse un derecho fundamental. ¿Fue esta redacción de nuestra Constitución una cesión más a exigencias intervencionistas y colectivistas?

Habiendo ya definido el enfrentamiento entre la LFP y las radios como una lucha entre el derecho a la información y el derecho de propiedad, deberíamos preguntarnos cual es el bien objeto de propiedad por parte de los clubs. Cometeríamos un error si afirmáramos que son los hechos mismos que acontecen en un estadio los bienes objetos de propiedad. Y sería un error pues resultaría difícil definir la propiedad de un suceso. El derecho de propiedad "surgió" como respuesta para evitar los enfrentamientos debidos a la escasez de los bienes y su naturaleza excluyente (si yo lo poseo, otro no puede hacerlo), además de aplicarse a bienes tangibles. Por dicho motivo, sería ridículo que los clubs de fútbol impidieran comentar los partidos que pudieran ser vistos desde un televisor o desde el balcón de una vivienda anexa al estadio (por no mencionar medios más exóticos).

Por lo tanto, debe ser otro bien el objeto de la propiedad. Y este bien no es otro que el mismo estadio, el recinto cerrado cuyo titular es un determinado club de fútbol. Una de las características del derecho de propiedad es que cada propietario posee la plena disponibilidad de su propiedad (siempre que no dañe a un tercero). Cualquiera que posea un recinto cerrado puede establecer las normas que han de cumplirse dentro del mismo. Esto incluso está contemplado (innecesariamente, pues bastaría aplicar la propia definición del derecho de propiedad) en el Real Decreto 2816/1982, de 27 de agosto, por el que se aprueba el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas. Así, en el artículo 59, sección 1e podemos leer (es el llamado derecho de admisión):

"El público no podrá: (…) Entrar en el recinto o local sin cumplir los requisitos a los que la empresa tuviese condicionado el derecho de admisión, a través de su publicidad o mediante carteles, bien visibles, colocados en los lugares de acceso, haciendo constar claramente tales requisitos".

Y es eso lo que hacen los clubs de fútbol. En su oferta de comercialización, estos clasifican los distintos servicios que ofrecen, en función de la capacidad de movimiento y uso de las instalaciones del estadio. Así se contempla la utilización de una cabina, el acceso a pie de campo o a la boca del túnel del vestuario. Es evidente que cuanto mayor sean las capacidades de movimiento por parte de los periodistas, mayor será el precio a pagar.

Por eso, aunque puede ser comprensible la frustración de un aficionado al no poder escuchar las trasmisiones en directo de sus partidos, eso no es motivo para quitar a los clubs el derecho a disponer de su propiedad como les apetezca. Y si las radios alegaran que el derecho a la información ha de prevalecer sobre el derecho de propiedad, quizás su opinión cambiaría cuando "cualquiera" entrase en sus emisoras, se plantase frente a los periodistas o comunicadores que realizan allí un determinado programa (eso, sí, sin molestar su trabajo) y comenzara a transmitir los sucesos que acontecen. Ya saben, tal persona lleva hoy una camisa de tal color o tal otra se ha cambiado su color de pelo. Seamos consecuentes...

domingo, 1 de agosto de 2010

Lecciones de dialéctica: Luis Herrero y Pilar Rahola.

El pasado sábado, ante mi sorpresa, oí anunciar en el programa "La Noria" de Telecinco que Luis Herrero iba a ser entrevistado . La entrevista fue muy interesante, en especial la lucha dialéctica entre el locutor de esRadio y la periodista Pilar Rahola. Sin estridencias aunque con firmeza, sólo usando su buen hacer, Luis Herrero demostró como afrontar un debate de este tipo. Les dejo a continuación una selección del video de su intervención.


Tu.tv

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domingo, 31 de enero de 2010

¿Fue pecado dejar que Federico Jiménez Losantos y César Vidal abandonaran la COPE?

Según Libertad Digital, la COPE planea un ERE que podría afectar a unos 200 de sus trabajadores. Sería la confirmación de una consecuencia de la decisión de la cadena de prescindir de sus dos principales comunicadores y que algunos ya pronosticaban.

He de reconocer que cuando me enteré el año pasado de la salida de Federico y César de la emisora me entristecí y me sentí divido. Por una parte admiro la capacidad comunicadora de estos presentadores y por otra considero importante que la Iglesia cuente con un medio de comunicación que haga llegar su mensaje a la sociedad. Como católico y liberal, la COPE se había convertido en una referencia que aunaba las dos tendencias.


Quizás pudiera parecer extraño el título de esta entrada, pero el objetivo de la misma es analizar la moralidad de la decisión tomada por la emisora. Antes de continuar quiero dejar claras unas ideas. No es mi intención criticar a la Iglesia ni constituir motivo de escándalo para otros católicos. Mi adhesión a su mensaje y a su misión ya ha sido expuesta en este blog en varias entradas. Sin embargo, tratando de ser honesto conmigo mismo, he considerado necesario analizar este asunto en profundidad, más allá de mis impresiones iniciales. Y esta entrada es el resultado de mi reflexión. No se trata tampoco de adular a Federico y César, como pudieran pensar algunos por mi pertenencia a Red Liberal. Esté agregador de blogs me ha permitido llegar a muchas más personas de las que hubiera conseguido por mis propios medios, pero mi objetivo, como el de muchos otros blogueros, es la búsqueda de la verdad tratando de ser consecuente con mis principios, más allá de la pertenencia a cualquier grupo.

Para poder comenzar el análisis, veamos los antecedentes de la decisión de la COPE. A pesar de ser conocidos por todos, considero necesario mencionarlos para un mejor entendimiento de la exposición. Posiblemente desde el principio, algunas personas no veían oportuno que un agnóstico y un protestante fueran las estrellas de la emisora. La Iglesia comparte un núcleo de ideas, pero también existe en su seno diferentes formas de ver determinados asuntos accesorios. Sin embargo, supongo que estas reticencias fueron analizadas con detalle y el resultado de su elección fue un crecimiento sin precedentes de la cadena (quien esté interesado en los detalles puede leer “De la noche a la mañana”, el libro publicado por Federico Jiménez Losantos). Así, las cosas fueron de maravilla para alegría de todos. Sin embargo, las situaciones cambian. Los enfrentamientos de Federico con el PP y con algunos de sus dirigentes ante determinas posturas de estos, las tendencias nacionalistas de algunos obispos miembros de la Conferencia Episcopal, y algunas declaraciones del director de la Mañana, hicieron que se consolidara una fuerte corriente a favor de prescindir del locutor. Por otra parte, también era evidente la dependencia económica de la COPE del trabajo de los dos presentadores, en especial de Federico Jiménez Losantos, cuyo programa facturaba el 75% de la publicidad de la cadena. Al final, como todos sabemos, ganó la postura de prescindir de los servicios de ambos locutores, pues la oferta de la COPE difícilmente podía ser aceptada por los mismos.

Una vez vistos los antecedentes pasemos a analizar el acto realizado por la COPE, es decir la decisión de dejar que Federico Jiménez Losantos y César Vidal abandonaran la cadena. Dice un principio básico de teología moral que para que una acción sea buena, es necesario que lo sean sus tres elementos: objeto bueno, fin bueno y circunstancias buenas; para que el acto sea malo, basta que sea cualquiera de sus elementos (“bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu”: el bien nace de la rectitud total; el mal de un solo defecto; Santo Tomás, S. Th. I-II, q. 18, a.4 ad 3).

Comoquiera que no todos los lectores han de estar acostumbrados a los conceptos morales recién mencionados, pasaré a explicarlos, aplicándolos al caso que nos atañe.

El objeto de un acto es la acción misma del individuo, pero tomada bajo su consideración moral. Por ejemplo, el acto de hablar puede tener distintos objetos, tales como mentir o rezar. En algunos casos el acto en su mismo no tiene moralidad alguna (por ejemplo pasear), pero la recibe de su finalidad o circunstancia (para descansar o cuidar la salud, o hacerlo con una mala compañía). El acto de la COPE fue prescindir de Federico y César. Este acto en si mismo no tiene ninguna connotación moral, por lo que la recibe de su finalidad, que según algunas declaraciones sería cumplir el primer mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Esto es así ya que uno los problemas que se indicaba era que el trabajo de los presentadores dificultaba la labor de la Iglesia. Y en esencia la labor de la Iglesia es evangelizar, comunicar el mensaje de Cristo para conseguir la salvación y felicidad de los hombres. Por lo tanto, según estos planteamientos, el objeto de la acción era bueno ya que su finalidad también lo era. Sin embargo, lo que no acabo de comprender es porqué Federico y César dificultaban la labor de la Iglesia en sus antiguos programas y no lo hubieran hecho en la nueva situación que les ofreció la COPE, que fue realizar un programa conjunto en horario de tarde-noche.

En relación a la finalidad, ya hemos comentado la misma. Es evidente que dicha finalidad era buena y por ello da su carácter moral al objeto mencionado.

Por último, analicemos las circunstancias del acto. Estas son los diversos factores o modificaciones que afectan al mismo. Aunque el binomio objeto-finalidad es la sustancia para la definición moral del acto, las circunstancias pueden afectar en diversa forma a su clasificación moral. En nuestro caso, permitir que la acción de los presentadores dificultara la labor de la Iglesia sería malo, pero que sea permitido por la Conferencia Episcopal, principales propietarios de la cadena, agravaría el mal, al estar estos obligados a dar un especial ejemplo por su posición en la Iglesia. Por lo tanto, las circunstancias contribuyen a la bondad del acto.

Por todo lo dicho, al confirmar que tanto el acto, como la finalidad y las circunstancias eran buenos, podríamos afirmar que la acción de prescindir de Federico Jiménez Losantos y César Vidal no constituyó un pecado, siempre y cuando hubiera sido cierto que los comunicadores dificultaban la labor de la Iglesia, lo cual, como hemos visto, no está del todo claro. Es más, puede incluso que su marcha ocasione que la COPE no pueda llevar su mensaje a tantas personas como lo hacía con ellos, lo cual convertiría el acto de bueno a malo, y nos encontraríamos ante un pecado. Además, hemos de analizar otro aspecto de la cuestión, pero para ello hemos de ver el concepto de acto voluntario indirecto.

Un acto voluntario indirecto se da cuando, al realizar una acción, además del efecto que se persigue de modo directo con ella, se sigue otro efecto adicional, que no se pretende sino que se tolera por venir unido al primero. En nuestro caso, parece confirmarse que el acto de prescindir de Federico y César tiene como acto voluntario indirecto el despido de una gran parte de los trabajadores de la COPE. Esto en si mismo es contrario al séptimo mandamiento, que aunque su enunciado literal nos indica no robar, realmente ordena hacer buen uso de los bienes terrestres y prohíbe todo lo que atente a la justicia en relación con esos bienes. Así, unos de los pecados contra el séptimo mandamiento sería el daño injusto. Cometen este pecado los que por malicia o culpable negligencia causan grave perjuicio en los bienes de otros, destruyéndolos o deteriorándoles. Por lo tanto, el perjuicio que se ocasione en todos aquellos trabajadores que serían despedidos podría considerarse un daño injusto que afecte al séptimo mandamiento. Evidentemente, la cuestión a considerar sería si ha habido culpable negligencia por parte de los directivos y propietarios de la COPE. De todas formas, hay casos en los que es lícito realizar acciones que junto a un efecto bueno le siga otro malo. Veamos esto con más detalle.

Como ya hemos analizado, podría considerarse un acción buena (con las dudas que ya hemos expresado), el haber prescindido de Federico y César. Este acto bueno tiene como consecuencia otro acto voluntario indirecto que es la perdida de puestos de trabajos que podría considerarse un acto malo. Para que sea lícito realizar un acto bueno que tenga como consecuencia un acto malo han de darse varias circunstancias:

Que la acción principal sea buena en si misma, o al menos, indiferente. En este caso la acción es buena (aunque existen dudas al respecto).

Que el efecto inmediato o primero que se produce sea el bueno, y el malo sea sólo su consecuencia necesaria. Ya hemos visto que el efecto primero es facilitar la labor de la Iglesia, aunque podría provocarse el efecto contrario si la COPE tiene problemas económicos, lo que cambiaría la bondad del acto primero. Evidentemente, el despido de trabajadores sería consecuencia necesaria de la decisión tomada.

Que uno se proponga el fin bueno, es decir el resultado del efecto bueno, y no el malo, que solamente se permite. En esta caso no ha dudas. Ni los directivos ni los propietarios de la cadena desean el despido de sus trabajadores.

Que haya un motivo proporcionado para permitir un efecto malo. Quizás este punto es el más conflicto. ¿Merecerá la pena el sacrificio de una gran parte de los trabajadores para conseguir el resultado dudoso de que la Iglesia cumplirá mejor su función con los cambios realizados en la COPE?

Como hemos visto, el análisis moral de prescindir de Federico Jiménez Losantos y César Vidal no es sencillo. Existen aspectos discutibles que no hacen posible afirmar de forma rotunda que dicho acto fue un pecado o no lo fue. Sin embargo, si al final la COPE se convierte en una emisora de radio residual, o incluso llega a desaparecer, todos habremos perdido. Sólo habrán ganado los enemigos de la libertad y la verdad. Quizás ahora tan sólo nos queda rezar para que eso no ocurra.