viernes, 16 de octubre de 2009

¡Ahorrar o no ahorrar, esa es la cuestión!

El pasado 6 de octubre, el INE nos daba una buena noticia al anunciar que la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares alcanzó en el segundo trimestre del año el 24,3% de su renta disponible. Este porcentaje supone un aumento de 10,8 puntos sobre en el mismo periodo de 2008, y eleva el ahorro a su tasa histórica más alta desde el año 2000.


Si nuestros dirigentes hubieran aprendido la lección que nos da la Teoría Austriaca del Ciclo Económico, no pondrían obstáculos a esta tendencia. Sin embargo, continúan aferrándose a políticas keynesianas de fomento del consumo, tales como la supresión de la deducción por compra de vivienda, que al entrar en vigor el 31 de diciembre de 2010, pretende reactivar el sector a corto plazo, o el Plan 2000E dirigido a fomentar la compra de automóviles. Estas medidas ya han demostrado su ineficacia en los Estados Unidos, tal como lo demuestra la fuerte caída de las ventas de automóviles en septiembre, una vez que los incentivos fueron suprimidos. Además para empeorar las cosas y desincentivar aun más el ahorro, el Gobierno ha aprobado una subida de sus tipos impositivos.

Las anteriores medidas sólo ayudaran a entorpecer la recuperación, que necesariamente ha de comenzar con un incremento en el ahorro. Para entender gráficamente lo dicho, podemos acudir a los gráficos de Roger Garrison(1), que nos servirán para explicar el modelo austriaco de crecimiento.



Empecemos por el gráfico del Mercado de Fondos Prestables. El ahorro voluntario adicional, tal como se está generando en la actualidad, provocaría un incremento de la oferta de ahorro, lo que supondría un desplazamiento de la curva de oferta de S0 a S1. Las consecuencias serán, como podemos apreciar, una disminución en el tipo de interés y un aumento en el ahorro y la inversión.

Si pasamos al gráfico de FPP, vemos como lo anterior conllevará una variación en la relación inversión-consumo. El incremento del ahorro supondrá una disminución del consumo, y además, también implicará un incremento en la inversión tal como vimos anteriormente, debido a la identidad ahorro=inversión.

El último gráfico es el llamado triángulo hayekiano, que nos informa de la estructura de la producción. Su base nos indica la duración del proceso productivo, su altura es el valor final de la producción o gasto en consumo y, la pendiente de la hipotenusa, el tipo de interés (menor pendiente representa menor interés)

Una vez explicado lo anterior, podemos analizar este último gráfico. La consecuencia final de todo lo visto hasta ahora sería un alargamiento de proceso productivo y un descenso del consumo a corto plazo. Una vez terminado dicho proceso, se produciría un aumento de los bienes de consumo. Así, a largo plazo, este incremento de bienes tendrá como consecuencia una bajada de sus precios, una subida real de los salarios, que provocará un incremento del consumo y un mayor alargamiento de las etapas productivas. En esencia, hemos entrado en un círculo virtuoso de formación de capital e incremento de consumo sostenible que en esencia significaría un aumento de la riqueza en el país.

Evidentemente, esta evolución ocurriría siempre que se realizara una política monetaria sana, no expansiva, que no lance falsos señuelos a los agentes económicos y por supuesto, con la condición de una política económica estatal alejada de los planteamientos actuales. Lo primero no depende de nuestros gestores y tal como están las cosas lo veo bastante difícil. Lo segundo sería posible siempre y cuando nuestros gobernantes hubieran leído algo de economía austriaca durante esas dos tardes de estudio.


(1) Mi agradecimiento a Adrián Osvaldo Ravier por los gráficos.