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domingo, 4 de diciembre de 2011

Matrimonio, ¿ese ámbito de explotación y lucha?

Cincuenta y cinco tragedias. Cincuenta y cinco vidas malogradas. Cincuenta y cinco mujeres asesinadas. Está mal. Está muy mal. Es terrible.

La actual Ley 1/2004 define la violencia de género como "la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia".

¿Relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres? ¿Qué se esconde tras esta afirmación? En 1884, Engels publica su obra "El origen de la familia la propiedad privada y el estado", donde escribe:

"Por tanto, la monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer, y menos aún como la forma más elevada de matrimonio. Por el contrario, entra en escena bajo la forma del esclavizamiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos, desconocido hasta entonces en la prehistoria. En un viejo manuscrito inédito, redactado en 1846 por Marx y por mí, encuentro esta frase: "La primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de hijos". Y hoy puedo añadir: el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino".

Es decir, se concibe la unión entre el hombre y la mujer como una relación intrínsecamente explotadora y alienadora para la mujer. De igual forma que el patrono explota al obrero al quedarse con la plusvalía, el hombre explota a la mujer al formalizar el matrimonio.

El los años 60, una nueva corriente feminista irrumpe en la escena mundial: el feminismo radical. Hasta ahora, el feminismo ha tratado de conseguir la plena igualdad entre hombre y mujer, igualdad entendida como igualdad legal y que dé a las mujeres las mismas oportunidades que les son dadas a los hombres. Sin embargo, el nuevo feminismo, basándose en las anteriores ideas marxistas que hemos comentado, da un paso en una nueva dirección: el feminismo debe defender a la mujer explotada dentro de una sociedad patriarcal. Y esta defensa asume la destrucción de la base de esta sociedad: el matrimonio, y por consiguiente la sumisión del hombre como elemento explotador.

En 1968, Valerie Solanas escribe el "Manifiesto SCUM" donde afirma:

"Ahora es técnicamente factible reproducirse sin la ayuda del macho (o, por otro lado, de la hembra) y producir únicamente mujeres. Algo que debemos comenzar a hacer ya. Conservar al macho no tiene siquiera la dudosa utilidad de la reproducción. El macho es un accidente biológico: el gen Y (macho) es un gen X (hembra) incompleto, es decir, una serie incompleta de cromosomas. En otras palabras, el macho es una hembra incompleta, un aborto andante, malogrado ya en su fase de gestación. Ser un macho es ser deficiente, estar emocionalmente limitado. La masculinidad es una deficiencia orgánica, y el macho es un minusválido emocional".

Por supuesto, la ley contra la violencia de género no se sitúa en estos niveles, pero es importante desenmascarar el posicionamiento ideológico que se esconde tras ella y las posibles consecuencias de un desarrollo "lógico" del problema del maltrato de la mujer acorde a los planteamientos marxistas que hemos comentado.

¿Cómo debería afrontarse este problema? Más allá de las menciones a una creencia en Dios, que puede o no ser compartida, el Catecismo de la Iglesia Católica define la familia de la siguiente forma:

"Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su constitución fundamental. Sus miembros son personas iguales en dignidad. Para el bien común de sus miembros y de la sociedad, la familia implica una diversidad de responsabilidades, de derechos y de deberes.
(…)
La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad".

Mediante este planteamiento, se rompe con el concepto de lucha de clases aplicado al matrimonio. Se establece la plena igualdad de los miembros de la pareja, al basarse esta en la intrínseca dignidad de cada uno de ellos.

El concepto de  violencia de género debe ser superado. Debe irse a un concepto de violencia familiar, más amplio, más justo, más igualitario. En este concepto lo que se ha de castigar es la violencia ejercida por un miembro de la familia que se aprovecha de la debilidad de otro miembro, ya sea hombre, mujer, niño o anciano. Eso es lo abominable del crimen cometido dentro del ámbito familiar: allí donde se esperaba amor y ayuda, se recibe odio y muerte.

martes, 31 de agosto de 2010

El restaurante caníbal: ¿libertad para ser comido? (el concepto de autopropiedad)

Hace unos días saltaba la noticia de la próxima apertura de un restaurante caníbal en Alemania. Aunque al final la noticia resultó ser falsa, nos puede servir para analizar determinados conceptos.

Así, como cualquier restaurante, necesitaría materias primas. El problema es que en este caso, la materia prima de la que hablamos sería carne humana. Evidentemente como el asesinato está perseguido por la ley, la única manera de conseguir la preciada carne sería mediante una donación voluntaria. Por ello, el restaurante también solicitaba un cirujano abierto de mente que pudiera facilitar el suministro sin poner en peligro la vida del donante. La sociedad alemana se sobresaltó, al recordar el caso de Armin Meiwes, que fue juzgado hace unos años por sus acciones y donde también el acusado solicitó personas que pudieran saciar su apetito caníbal, consiguiendo su objetivo al comer partes de una de esas personas que respondió a su llamada y que finalmente falleció.


Los casos anteriores me hacen pensar en el concepto de autopropiedad, pues el planteamieanto que podría ofrecer un caníbal para evitar la pena sería afirmar que el acto es fruto de una relación libre entre dos personas. La autopropiedad es un principio básico en planteamientos anarcocapitalistas. Básicamente afirma que una persona se posee a si misma, es su único dueño y no puede ser poseída en principio por otra. De la posesión de uno mismo se deriva necesariamente, al aplicar el concepto de propiedad, la capacidad para poder enajenarse. Uno puede disponer de esa propiedad que es uno mismo y mediante un contrato, trasmitirse a otro de forma voluntaria. También, del mismo modo que la propiedad privada da capacidad de acción sobre lo poseído, podría destruirse a sí mismo, si lo estimara oportuno.

Por descabellado que pudiera parecer lo anteriormente descrito, el razonamiento lógico es impecable. Sin embargo, no deja de parecernos intrínsecamente erróneo. Pero las intuiciones y los sentimientos no sirven para fundamentar conceptos filosóficos. Si realmente consideramos que lo anterior no es correcto, deberíamos poder sustentarlo en razonamientos igualmente impecables que nos lleven a afirmar la naturaleza errónea del concepto de autopropiedad.

Frente al concepto que hemos mencionado, podemos aportar el concepto de dignidad, entendido no como un accidente de la persona (entendido accidente en el sentido aristotélico, es decir, algo que complementa a la esencia del ente), sino por contrario, algo propio de la misma esencia de la persona. Vendría a ser una cualidad intrínseca y propia y que la define como tal. Y si todo ser humano es persona, toda persona, como hemos acabado de afirmar, tiene esa cualidad que denominamos dignidad. De este concepto se deriva el principio de que una persona no puede ser un medio para otra, sino que es un fin en si misma. De esta forma, y sólo de esta forma, puede entenderse la libertad como medio para elegir el sentido de la existencia, negando de esta manera la posibilidad de que sea otro quien determine ese sentido. Por último, mencionar brevemente que el concepto de dignidad se basa en el grado de bondad ontológica que posee un ente (en este caso la persona) en cuanto ente, bondad ontológica que no tiene connotaciones éticas sino estrictamente metafísicas.

Siguiendo con el razonamiento, si esa característica que denominamos dignidad está presente en toda persona, de la misma forma que no podemos poseer a un tercero, pues entonces éste se convertiría en un medio para otro, tampoco yo puedo poseerme en el sentido que define el concepto de autopropiedad. Si poseer a otro atenta contra el concepto de dignidad, y si esta dignidad se encuentra presente también en mí, es imposible poseerme sin violar esa dignidad que me define como ente, como ser humano, como persona.

Pero, llegados aquí nos encontramos con un problema. Si tanto la autopropiedad como la dignidad humana pueden describirse lógicamente y servir de base para el desarrollo de una ética, ¿cómo podemos elegir entre los dos planteamientos? En esencia, la elección constituye un acto de fe, una apuesta que tendrá importantes consecuencias. Un medio para decidirnos es deducir consecuencias de nuestra elección inicial y tratar de averiguar cuales nos conduce al fin último de toda la persona que es la felicidad. Y es evidente que para ello podremos servirnos de toda la experiencia acumulada por la especie humana durante cientos de miles de años y transmitida de generación en generación

Después de todo lo expuesto, ¿es éticamente posible el canibalismo consentido? Si elegimos el camino de la dignidad podremos razonar que no es posible servir como alimento de otros, ni siquiera si libremente hemos decidido hacerlo, todo lo contrario que podría afirmarse si elegimos el camino de la autopropiedad. Igualmente, no podríamos convertirnos en esclavos, aunque fuese una decisión propia, ni podríamos seguir pautas de comportamientos que llevaran a nuestra propia destrucción, tales como el suicidio o la eutanasia.


Entradas relacionadas en este blog:
Liberalismo: Más allá del concepto de libertad.
El concepto de persona y la naturaleza humana.

martes, 17 de agosto de 2010

Una mezquita en la Zona Cero. Respeto y libertad

El anuncio de construcción de una mezquita cerca de la Zona Cero ha causado una gran polémica. Las opiniones están divididas. Por una parte están aquellos que piensan que la construcción constituiría un insulto hacia las victimas del 11 S y por otra, los que consideran que prohibirla sería una violación de la libertad religiosa de los musulmanes.

El asunto es tremendamente delicado, pues junto a lo racional o legal se encuentran los sentimientos de las víctimas y sus familias.

Si las víctimas y sus familiares se sienten insultados por la construcción, quizás los promotores de la misma debería pensar en ello. Se trata de simple respeto. Oír música no es malo ni delictivo, pero si aparcara mi vehículo frente a la puerta de un tanatorio y me pusiera a oír música a todo volumen, no cabe duda que le faltaría el respeto a todas aquellas personas que velan al difunto, y especialmente a sus familiares. No hace falta explicación, cualquier persona sería capaz de entenderlo por simple empatía. Pero, ¿podrían legislarse y aplicarse leyes que tuvieran en cuenta estos sentimientos?

Sin ánimo de hacer ninguna comparación, el anterior párrafo me ha recordado un fragmento de "La rabia y el orgullo" de Oriana Fallaci (espero que nadie se ofenda al transcribirlo a continuación, pues no es esa mi intención):

"Yo no voy a levantar tiendas a La Meca. No voy a cantar padrenuestros y avemarías ante la tumba de Mahoma. Yo no hago pipí en los mármoles de sus mezquitas. Y mucho menos caca. Cuando estoy en aquellos países, (de lo que no saco ningún placer), nunca me olvido de que soy una huésped y una extranjera. Presto mucha atención a no ofenderles con ropa o gestos o actitudes que para mí son normales y para ellos inadmisibles. Los trato con el debido respeto, con la debida cortesía, me disculpo si por descuido o por ignorancia infrinjo alguna norma suya o alguna superstición. Y mientras la imagen de los dos rascacielos destruidos se mezcla con la imagen de los dos Budas asesinados, veo también aquella (no apocalíptica pero, para mí, simbólica) de la gran tienda con la que, hace dos veranos, los musulmanes somalíes (Somalia tiene una gran familiaridad con Bin Laden, ¿recuerdas?) destrozaron y ensuciaron y ultrajaron la plaza del Duomo de Florencia durante más de tres meses. Mi ciudad.

Una tienda levantada para reprobar condenar insultar al gobierno italiano (en aquel tiempo un gobierno de izquierdas) que por una vez tanto titubeaba en renovarles los pasaportes necesarios para pasearse por Europa y traer a Italia las hordas de sus parientes. Madres, padres, abuelos, hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, primas, cuñadas embarazadas, y los parientes de los parientes. Una tienda situada cerca del palacio del Arzobispado sobre cuyas aceras alineaban los zapatos o las babuchas que en su país dejan fuera de las mezquitas. Y, junto a los zapatos o las babuchas, las botellas de agua mineral con las cuales se lavaban los pies antes de la oración. Una tienda colocada frente a la catedral de Santa María del Fiore y al lado del Baptisterio, las puertas de oro esculpidas por Ghiberti. Una tienda, en fin, decorada como un apartamento. Sillas, mesitas, chaise-longues, colchones para dormir y para follar, hornillos para cocer la comida, o sea para apestar la plaza con el humo y el mal olor. Y gracias a la habitual blandura de la municipalidad, provista de luz eléctrica. Gracias a una grabadora, enriquecida por los berridos desmañados de un muecín que puntualmente exhortaba a los fieles y ensordecía a los infieles y sofocaba el sonido de las campanas. Junto a todo esto, los amarillos regueros de orina que profanaban los mármoles del Baptisterio y su puerta de oro. (¡Por Dios! ¡Tienen la meada larga estos hijos de Alá! ¿Cómo hacían para alcanzar el objetivo separado de una verja y por tanto a casi dos metros de su aparto urinario?) Junto a los amarillos regueros de orina, el hedor de la mierda que bloqueaba el portón de San Salvatore del Vescovo: la exquisita iglesia románica (siglo IX) que está detrás de la plaza del Duomo y que los hijos de Alá habían convertido en un cagadero. Tú sabes de qué te estoy hablando."

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, la situación va más allá del simple respeto humano. Sin intención de ser descarnado, me siento obligado a usar la razón e intentar ir más allá de los sentimientos. Los detractores de la construcción dicen que la existencia de una mezquita cerca de la zona cero constituiría una afrente para las víctimas. ¿Y por qué una afrenta? Hemos de ser honestos y concluir que se está asociando la execrable acción de aquella matanza de miles de personas con una religión en concreto, la musulmana. ¿Es esta asociación correcta?

El código penal español, en su artículo 578, define la figura del enaltecimiento del terrorismo de la siguiente forma:

"El enaltecimiento o la justificación por cualquier medio de expresión pública o difusión de los delitos comprendidos en los artículos 571 a 577 de este Código [los relacionados con el terrorismo] o de quienes hayan participado en su ejecución, o la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares se castigará con la pena de prisión de uno a dos años. El Juez también podrá acordar en la sentencia, durante el período de tiempo que el mismo señale, alguna o algunas de las prohibiciones previstas en el artículo 57 de este Código."

En base a este artículo, se prohíben actos tales como la colocación de carteles de terroristas en las calles del País Vasco, o reuniones enalteciendo la figura de algunos de ellos. El motivo no es otro que responder a aquellos que pretenden destruir nuestra libertad y nuestras vidas. Muchos pensamos que no todo está permitido en democracia. Existen una serie de principios inviolables que ni siquiera el consenso de la mayoría podría derogar.

Preguntaba antes si la asociación entre la religión musulmana y el ataque a nuestros principios inviolables era correcta. Si no lo fuera, ¿en base a qué podría prohibirse la construcción de la mezquita? Y si lo fuera, ¿acaso no quedaría más remedio que prohibir su construcción, pasando a renglón seguido a prohibir la práctica del Islam en todas nuestras sociedades occidentales? Por muy duro y extremo que pudiera parecer, la lógica nos llevaría a tomar esa decisión.

Por lo tanto, puede que la pregunta sobre si debería permitirse construir una mezquita en la Zona Cero nos lleve a hacernos obligatoriamente la siguiente: ¿deberíamos proscribir la religión musulmana como algo ajeno a nuestra civilización y contraria a nuestros más sagrados e inviolables principios?


Enlaces recomendados:
Sacrilegio en la Zona Cero - Charles Krauthammer (Libertad Digital)
Córdoba en Manhattan - José Carlos Rodríguez (Libertad Digital)

miércoles, 28 de abril de 2010

¿Un caballo de Troya llamado velo?

En los últimos días ha habido una encendida polémica en relación con el uso del velo. Hemos podido leer y escuchar opiniones a favor y en contra del mismo. Así tenemos el caso de Federico Jiménez Losantos que opinaba que el uso del velo es un intento de liquidar nuestras libertades y el caso contrario de Luis del Pino que afirmaba que debería autorizarse al ser una expresión de la libertad religiosa.

Creo que el problema debería enfocarse teniendo en cuenta la significación de esta prenda usada por las mujeres musulmanas. Aisa Santana, tesorera del Centro Cultural Islámico Canario y responsable de asuntos de la mujer de la asociación Nurain afirmaba: “El Corán dice que la mujer se debe cubrir. Pero Dios no me dice que me cubra. Lo hago yo, porque quiero y por convicción religiosa. Y que se lleve o no depende de la fe de cada uno”. Si realmente lo anterior fuera cierto, no quedaría más remedio, independientemente de nuestros gustos, que permitir el uso del velo en lugares públicos para preservar la libertad de conciencia de cada persona.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas y podríamos ser víctimas de una peligrosa ingenuidad que llevaría a poner en riesgo nuestra sociedad. Y es que frente a las anteriores palabras de Aisa Santana, no podemos obviar determinados hechos que la realidad tozudamente nos ofrece y que nos hace llegar a la conclusión que el velo es en muchos lugares un símbolo de fundamentalismo religioso. Así, en enero de 1979, una vez derrocado el Sha de Persia, Reza Pahlevi, Jomeini decretó como obligatorio el uso del velo pues las mujeres no debían mostrar a los hombres ni su cuerpo ni sus cabellos. De igual manera, en marzo de 2002, según escribieron los periodistas Christopher Dicky and Rod Nordland (1), quince niñas murieron en un incendio en el interior de su colegio. La policía religiosa de Arabia Saudita, la muttawa, no permitió salir a las niñas del edificio. Puesto que sólo había mujeres en la escuela, las jóvenes se habían despojado de su prenda de cobertura exterior. La muttawa prefirió que las niñas murieran a trasgredir la ley islámica, hasta el punto que lucharon contra la policía y los bomberos, que intentaban abrir las puestar de la escuela.

Teniendo en cuenta lo anterior, quizás la joven del Instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón tenga todo el derecho a llevar su velo, de igual manera que ninguna norma debería prohibir el uso del crucifijo. Sin embargo, estemos atentos pues quizás pueda también ocurrirnos como los habitantes de Troya, que creyendo que aquel caballo era un regalo, abrieron las puertas de su ciudad y terminaron viendo la misma destruida a manos de los griegos.

(1) Christopher Dicky and Rod Nordland, “The Fire That Won’t Die Out”, Newsweek, July 22, 2002.


Enlaces relacionados:
Un instituto prohíbe a una alumna asistir a clase con el velo islámico - Libertad Digital
No al velo islamista, sí a la libertad - Federico Jiménez Losantos
En defensa del pañuelo - Luis del Pino
"Yo decido lo que me tapo" - Webislam
15 girls die as zealots 'drive them into blaze' - Daily Telegraph

jueves, 18 de febrero de 2010

Ser propietarios, ser libres, ser felices

"El principio del destino universal de los bienes de la tierra está en la base del derecho universal al uso de los bienes. Todo hombre debe tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo: el principio del uso común de los bienes, es el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social» y «principio peculiar de la doctrina social cristiana». Por esta razón la Iglesia considera un deber precisar su naturaleza y sus características. Se trata ante todo de un derecho natural, inscrito en la naturaleza del hombre, y no sólo de un derecho positivo, ligado a la contingencia histórica; además este derecho es «originario». Es inherente a la persona concreta, a toda persona, y es prioritario respecto a cualquier intervención humana sobre los bienes, a cualquier ordenamiento jurídico de los mismos, a cualquier sistema y método socioeconómico: «Todos los demás derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello [destino universal de los bienes] están subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realización, y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primera»" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 172)

El anterior párrafo supone en la mayoría de los casos un punto de desencuentro entre liberales y católicos. Temen los liberales que dicho principio abra las puertas al colectivismo y a la planificación. Por ello, me propongo a exponer la forma de compaginar dicho principio de la DSI con el concepto de propiedad privada, de fundamental importancia para un planteamiento liberal de la economía (Escuela Austriaca).

En primer lugar, he de indicar que para la DSI, el derecho de propiedad privada es un derecho natural secundario. Esto no significa que sea poco importante, sino que está subordinado a un derecho natural primario: aquel que afirma que todos lo hombres tienen derecho a disfrutar de los bienes de este mundo para conseguir mediante ellos, y no sólo mediante ellos, su desarrollo integral. Despreciar los bienes de este mundo por innecesarios sería una especie de “angelismo” ridículo. No en vano todos los cristianos pedimos a Dios que nos de el “pan nuestro de cada día”.

Se plantea ahora el problema de cómo cumplir de la mejor manera este derecho natural primario. Una de ellas sería delegar la responsabilidad a un “ente” externo al individuo. Dicha institución recibe en los casos que nos interesan el nombre de Estado. Sin embargo, ya Mises demostró hace mucho tiempo la imposibilidad económica del Socialismo. Pese a ello, algunas personas siguen pensando que lo que no ha solucionado una sociedad completamente socialista, lo hará una parcialmente socialista. La dificultad, que ya he comentado en este blog, es fijar el límite de intervención. Me temo que al igual que el anuncio del aperitivo, “cuando haces pop, ya no hay stop”. De todas formas, he leído algunas propuestas para intentar lograr la cuadratura del círculo, haciendo que sea el Estado, a través del ordenamiento jurídico, el que haga cumplir la obligación del destino universal de los bienes, pero ese tema será el asunto de una próxima entrada.

En esencia, cuando intentamos acudir a la planificación para conseguir que todos los hombres tengan acceso a los bienes de este mundo, aparece como efecto secundario la pérdida de la libertad. De esta forma, intentado hacer cumplir un derecho natural primario, conseguimos eliminar otro derecho natural aún más importante. No soy capaz de imaginar como planificar sin conseguir suprimir al final la libertad individual. Supongo que ese es el reto de aquellos que respetan la DSI y quieren llevar a efecto el principio del destino universal de los bienes a través de la intervención estatal.

Por el contrario, como católico liberal, he llegado a la conclusión que la única forma de cumplir el principio anterior es a través del desarrollo del derecho a la propiedad privada. La principal diferencia en este asunto entre un católico liberal y algunos otros liberales, es que el católico no considera la propiedad privada como un derecho absoluto. El planteamiento correcto para un católico liberal sería el siguiente: defender la propiedad privada para ser libres, ser libres para ser felices. Ese es el camino a seguir. Y de la misma forma que en otra ocasión he comentado que no puede convertirse la democracia en un fin en si misma, pues sólo es un medio para conseguir la libertad, tampoco podemos convertir la propiedad privada en un fin, ya que solamente es también un medio para conseguir la libertad y con ella la felicidad.

Hayek comprendía perfectamente la relación entre propiedad privada y libertad y la importancia de la primera, tal como los expresó en su libro “Camino de servidumbre”:

“Los valores económicos son menos importantes para nosotros que muchas otras cosas, precisamente porque en las cuestiones económicas tenemos libertad para decidir qué es para nosotros lo más y qué lo menos importante.”

“La libertad económica que es el requisito previo de cualquier otra libertad no puede ser la libertad frente a toda preocupación económica, como nos prometen los socialistas, que sólo podría obtenerse relevando al individuo de la necesidad y, a la vez, de la facultad de elegir; tiene que ser la libertad de nuestra actividad económica, que, con el derecho a elegir, acarrea inevitablemente el riesgo y la responsabilidad de este derecho.”



Viñeta publicada por Libertad Digital (© Cox & Forkum)

domingo, 17 de enero de 2010

Aborto, ley natural, referendos y democracia

Desde hace unos días se está produciendo en Facebook un debate entre aquellos que estamos en contra del aborto. El motivo es la conveniencia de celebrar un referendo sobre la nueva Ley del Aborto. Leyendo las opiniones de ambas partes, se puede ver que compartimos las mismas ideas y que la diferencia se encuentra en una posición estratégica tomada para intentar que no se apruebe la mencionada ley.

Todo lo anterior me ha llevado a escribir esta entrada sobre el verdadero alcance de la democracia. Tanto católicos como la mayoría de liberales estamos de acuerdo en la existencia de leyes naturales que preceden a la existencia del Estado. Una de esas leyes sería el derecho a la vida. De esta forma, el Estado solamente tendría la facultad de proteger la correcta aplicación de estas leyes, no estando facultado para legislar en contra de las mismas. A esto se denomina iusnaturalismo. Ya San Pablo, en la Carta a los Romanos (2,14-15) afirmaba la existencia de esta ley:

“Cuando los paganos, que no tienen la Ley, guiados por la naturaleza, cumplen las prescripciones de la Ley, aunque no tengan la Ley, ellos son ley para sí mismos, y demuestran que lo que ordena la Ley está inscrito en sus corazones. Así lo prueba el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa”

En contra de la anterior posición se encuentran los iuspositivistas, que consideran que el Estado tiene capacidad para elaborar y modificar las leyes que estime conveniente, no reconociendo la existencia de leyes naturales anteriores al Estado.

Aunque pueda parecer una elucubración, el posicionarnos en uno u otro bando tiene consecuencias de mucho alcance y afecta al mismo sentido de la democracia. Para un positivista la única fuente de legitimidad es la decisión de la mayoría. No importa lo disparatado que pueda parecer una determinada ley; bastaría con que una mayoría la hubiera aprobado para considerase legítima. Esto deja las puertas abiertas a cualquier tipo de totalitarismo y la democracia se convertiría en una dictadura de la mayoría. Esto mismo lo afirmaba Hayek, en 1944, en su obra “Camino de Servidumbre”:

“No tenemos, empero, intención de hacer de la democracia un fetiche. Puede ser muy cierto que nuestra generación hable y piensa demasiado de democracia y demasiado poco de los valores que ésta sirve. (…) La democracia es esencialmente un medio, un expediente utilitario para salvaguardar la paz interna y la libertad individual. Como tal, no es en modo alguno infalible o cierta. Tampoco debemos olvidar que a menudo ha existido una libertad cultural y espiritual mucho mayor bajo un régimen autocrático que bajo algunas democracias; y se entiende sin dificultar que bajo el gobierno de una mayoría muy homogénea y doctrinaria el sistema democrático puede ser tan opresivo como la peor dictadura. Nuestra afirmación no es, pues, que la dictadura tenga que extirpar inevitablemente la libertad, sino que la planificación conduce a la dictadura, porque la dictadura es el más eficaz instrumento de coerción y de inculcación de ideales, y, como tal, indispensable para hacer posible una planificación central en gran escala. (…) Pero cuando la democracia deja de ser una garantía de la libertad individual, puede muy bien persistir en alguna forma bajo un régimen totalitario.”


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